jueves, 4 de marzo de 2010

Cap 3

Hatzive y yo tuvimos que emprender un viaje. No quiso decirme a donde, directamente no me habló. Entramos nuevamente a la montaña, atravesamos la inmensa ciudad naga, pero antes de la entrada a los túneles, doblamos hacia nuestra derecha. Yo seguía a Hatzive callada. Pasamos por debajo de algunas casas construidas sobre las rocas sobresalientes de las paredes, hasta que encontramos una apertura pequeña a un costado. Llegamos al fin a un piso en el que el túnel terminaba. Podía ver todo desde allí arriba, las casas construidas sobre los pisos empotrados en las paredes, los largos tallos de las enredaderas que caían más abajo, y las enormes flores que estos tenían. Pude ver más de cerca uno de los árboles que salían de las rocas, y noté que sus raíces estaban agarradas a éstas, primero de piedra y poco a poco se transformaba en madera. Era asombroso. Allí había una casita pequeña, modesta. Hatzive sacó una llave y abrió la puerta. Levantó su mano y la movió hacia arriba, cerrando los dedos índice y pulgar mientras la subía, y todas las velas del ambiente se prendieron Era pequeña, pero estaba repleta de pergaminos, plumas, tinteros a medio llenar, mapas descoloridos, libros de todos los tamaños y toda clase de instrumentos de dibujo, medición y otros que no comprendía. Hatzive estaba moviéndose nervioso, pensando. Se dio vuelta repentinamente y me miró con una expresión realmente seria. Por primera vez me fijé en el color de sus ojos, eran grises, pero poseían un blanco en el centro casi luminoso, en los contornos de las pupilas. Desvió la mirada y luego me la volvió a dirigir a mí.
- Empaca lo que te diga.
Enseguida se dio vuelta y agarró un bolso de tela beige, murmuró algo con la mano puesta en él y metió toda clase de papeles. Me señaló algo que estaba sobre un estante y me pidió que lo meta en el bolso. No entendí que era, una especie de gema de cristal. Era bastante grande como para que cupiese en el bolso, pero cuando lo metí, entró con tanta facilidad como si estuviese vacío. Luego, me pidió que abriese una alacena. Dentro, había millones de botellas y frascos de todos los tamaños. Mientras metía un bol y una cantimplora, me indicó los dos envases más grandes que estaban a un costado. Los tomé y se los pasé. El tamaño y la cantidad de cosas que guardaba, no hubieran entrado si no hubiese hechizado el bolso. Estos dos frascos los dejó fuera, encima de la mesa. Se dirigió a la cocina, y mescló a gran velocidad especias extrañas y líquidos viscosos. Vertió todo en una olla y lo siguió mesclando. Cerró los ojos y murmuró algo inteligible. Tomó la olla y vertió el contenido en ambos frascos, que luego guardó en el bolso.
Cuando ya hubo terminado de vaciar prácticamente la habitación, tomó el bolso y se lo colgó a un hombro. Bajamos casi corriendo la infinita pendiente. Cuando salimos de la montaña, se volteó hacia esta y llamó con un silbido al enorme dragón. Este apareció por detrás de la montaña de Zaor, miró a Hatzive y bajó su cabeza. El anciano trepó por ella y se sentó en el comienzo de las articulaciones de las alas. Extendió su brazo hacia mí, para ayudarme a subir. Me negué firmemente, no quería viajar sobre algo que pudiera darse la vuelta y comerme si estaba de mal humor.
- Yo los seguiré.
La criatura desplegó sus enormes alas, esperó a que Hatzive le diera la orden de despegar, y sacudió suavemente la cabeza, como si estuviera quitándose cabello de los ojos. Yo abrí mis alas, que al lado de las de Crews, eran como las de un pájaro. Estaban algo incómodas por el nuevo nudo en la espalda de la remera que debí cortar para que éstas saliesen. Me elevé en el aire y miré a Hatzive suplicante.
- Te vas a cansar. – Dijo burlón. Yo le negué con un dedo y esperé a que su dragón comenzara a volar.

Los seguí sobre un abundante bosque que estaba en los pies de la montaña, unos trescientos kilómetros a gran velocidad, al lado de Crews, lo que resultó difícil por el batir de sus alas, las que amenazaban con chocarse conmigo en cada abrir y cerrar. Pude ver desde lo alto, la variación en la vegetación al acercarnos a las orillas de un largo río que cortaba el bosque en dos. Descendimos en la orilla opuesta. Hatzive me miró sorprendido de que no sintiera cansancio alguno, y de que pudiera seguir el ritmo del dragón. Yo le dediqué una sonrisa de júbilo. Dejó caer su bolso en el suelo y se sentó con las piernas cruzadas. Crews se echó en el suelo a descansar como un cachorro. Era tierno, y de hecho, en mi vida humana siempre los consideré criaturas maravillosas, hermosas en todo su esplendor, pero nunca hubiera imaginado que realmente existieran, y mucho menos toparme con uno. Me senté yo también y lo observé en detalle. Las escamas variaban en tonalidades violetas y celestes, y emitían un suave brillo tornasolado. Pude sentir sus profundas respiraciones cuando se durmió.
- Todavía es pequeño. No hay muchos dragones, casi se extinguieron en la edad de los magos. Hubo una gran batalla en ese momento… parece que el hombre no aprendió de la experiencia… no aún…
Se quedó mirando un punto fijo a un costado mío, e instintivamente yo busqué algo diferente al verde pasto, que pudiera captar la atención de alguien. Yo también me quedé mirando ese punto. ¿Qué quiso decir con que aún no hayan aprendido de la experiencia? ¿Acaso estaba sucediendo nuevamente algo similar a aquella batalla? ¿Era esta tan semejante que pudiera acabar con la especie de los dragones? No me gustaba la idea, y el suceso que viví en la Montaña de Zaor, me daba evidencias sobre lo que me planteaba. ¿Porqué es que yo acabé en todo esto? Ni siquiera soy capaz de comprender completamente la existencia de este mundo, de que yo formara parte de él y además de todo eso, estar en medio del comienzo de una gran guerra.
- ¿Cómo es que me atraparon? ¿Cómo es que llegué acá? – Dije repentinamente, como si estuviera echándole toda la culpa al miserable pájaro.
Hatzive incorporó la cabeza suavemente, su expresión era serena, inteligente y traviesa. Arqueó una ceja y me contestó divertido:
- Ni el más sabio sabe cómo llegamos todos aquí. Cada uno de nosotros proviene de un mundo diferente. Tú, fuiste encontrada por los Ents, unas criaturas de los bosques. – Puse mala cara al recordar mis intentos de escapar de ellos. – Ellos son antiguas almas humanas, que vagando en busca de un cuerpo, encontraron en su camino a los árboles muertos del Bosque Thalawood, haciendo que éstos tomaran rasgos humanos, y nuevas vidas. Saben entender el idioma de los árboles, como también el de los hombres y sus voces se asemejan más al crujir de la madera por el viento.
Mientras decía esto último, tomó el bolso que tenía a su lado y sacó de él uno de los frascos con ese líquido extraño. Tomó a su vez un bol con la otra mano y vertió un poco del contenido dentro de él. Me quedé boquiabierta al ver que a medida que salía de su contenedor original, se transformaba en una sopa de crema exquisita. De ella brotaba un aroma a cebolla y pude ver pequeños pedazos de pan tostado que flotaban en la superficie.
- ¿Tú tienes hambre? – me preguntó.
Asentí con la cabeza, todavía incrédula. Tomó otro bol del bolso y me lo hizo sostener. Volvió a verter el líquido del gran frasco, esta vez bordó. Enseguida aquel olor me hizo agua la boca, y apenas hubo terminado de servir volví mis labios hacia un borde del recipiente. Lo bebí lentamente, descubriendo aquel gusto artificial que antes había notado. Aún así, saciaba mi sed exactamente igual que si fuese natural. Hatzive bebió de la misma manera su sopa, la que supuse que estaba realmente excelente a juzgar por la expresión de su rostro. Al finalizar ambos, guardó los recipientes en el bolso y estiró lo más que pudo sus brazos. Me miró y frunció los hombros.
- Es que todavía no entiendo… ¿Porqué es que pueden hablar mi lenguaje?
Hatzive frunció el ceño en señal de desaprobación.
- No es que hablemos tu lenguaje, sino que tú hablas el nuestro. – Como lo miré desconcertada, me aclaró – Es el lenguaje de la magia. Tú eres realmente un ser muy poderoso, aunque no lo notes.
- ¿Y cuáles son mis poderes? – le acusé.
- Sólo tú puedes saberlo. – alzó las cejas y se incorporó. Se colgó el bolso al hombro y comenzó a caminar.
Comenzamos a recorrer el bosque. Crews nos seguía distraído, intentando atrapar pequeños pájaros como si fueran del tamaño de moscas. Hatzive lo reprendía, pero el animal no le obedecía.

4 comentarios:

  1. sisterr mi amorr estoi hablandoo por telefono con vos :P jaja ui no se qee decirte estaa muy buenoo te amo demasiadoo muchsiimoo ♥ SOS TODOO ♥ te amoo ♥

    ResponderEliminar
  2. ESTÁ MUY BUENO?! ESTÁ MUY BUENO?!!! VOS NO TENÉS DERECHO, ZANELLO! NI LO LEÍSTE ENTERO!!!!

    ResponderEliminar
  3. Esta genial iaru!! yo me lo leí TODO, me dejaste con la re intriga.. ¬¬ haceme el GRAN favor de seguir escribiendo esto (A) (:

    ResponderEliminar
  4. jajajaja, no me sale!!! tengo que pensar mucho, y las pocas celulas pensantes de mi cerebro están haciendo huelga por falta de pago...

    ResponderEliminar