sábado, 30 de enero de 2010

Cap 1


Me arrepiento con toda mi alma de lo que cometí, el dolor me invade a cada momento. La sensación de culpa es inmensa, tengo un nudo en mi garganta del que no soy capaz de desatarme y las lágrimas me desafían a cada instante. No me sentí, ni me siento capaz de controlar mis ansias. Esa sensación de descontrol, furia, ardor insoportable que me lleva a cometer semejantes errores, es cada vez mayor al aumentar mi hambre, y el injustificable pecado que cometo al saciar esa necesidad destroza mi alma en pedazos. Aquella noche, todo mi ser se partió en infinitas partes al ser consciente de lo que cometía. Y ahora estoy alejada de todos. Me encuentro en medio del bosque, en una choza que hice a medias para poder estar, sin cubrir las necesidades de calor o luz, ya que no lo necesito. Para buscar agua, debo ir hasta un río que hay cerca, en el cual corre dulce y pura. El chocar de ésta por las noches produce en mí recuerdos que ahora resultan ser dolorosos. Me dedico a alimentarme con sangre animal, pero el monstruo en el que me convertí me asusta cada vez más. He intentado suicidarme, pero no corre sangre alguna por mis venas que me permita morir, y el mayor daño que puedo provocarme al saltar desde acantilados es un esguince. Ahogarme tampoco ha sido una solución, carezco de la necesidad de oxígeno en mis pulmones, ya que me alimento del poco oxígeno que encuentro en la sangre de mi víctima. Pero lo que más miedo me causa, es verme al espejo. La bella figura esbelta de una mujer joven se refleja cuando me miro en él. Soy yo, transformada de tal forma que casi no me reconozco. Un ondulado y abundante cabello castaño claro cae rebelde sobre mis hombros. Mis ojos, de un matiz verde esmeralda, centellean a la luz de la luna y unas finas cejas los rodean por encima. Mis carnosos labios, no muestran señal alguna de felicidad y mi piel pálida me distingue de los demás. Tengo un Par de alas, como las de un murciélago, que, dobladas, son del tamaño de mi cuerpo. Tienen un color negro, que posee un matiz bordó en las zonas del armazón óseo. Enfurecida, rompo el cristal del espejo, sabiendo que no va a causarme daño alguno ahora, y suplicándole a las lágrimas que ya no tengo, que me permitan desahogarme y largar toda mi furia en ellas. Debo desecharla por medio de la fuerza. Tomo una silla, y la parto en astillas con sólo mover las manos. Eso me enfurece aún más. Cansada, me echo sobre el colchón y cierro mis ojos, esperando algún atisbo de sueño.

Abrí la puerta. La sed que sentía me mataba, así que salí en busca de alimento. Un gato sería suficiente. Me puse en cuclillas y cerré los ojos. Al inhalar profundo descubrí dos aromas similares por el oeste, así que me acerqué sin producir ruido alguno a una gran velocidad. Allí estaban, las dos pequeñas ratas, merodeando sobre un pájaro muerto. Me abalancé sobre ellas y pasaron a ser mi desayuno. Fui hasta el río y me limpié. El sol estaba más fuerte que nunca, justo encima de mi cabeza, debía ser mediodía. Comencé a deambular por el bosque. Una de las cosas que agradezco de mi nuevo cuerpo, es la visión. El bosque es hermoso, puedo ver todas las aves que sobrevuelan los árboles, los pequeños rayos del sol al entrar por entre los pequeños huecos que dejan las hojas, y el polvillo que flota livianamente en el aire, que al pasar por los rayos, me permite ver reflejado el espectro luminoso. En ese instante, algo pasó por delante de mí a gran velocidad, lo que me llamó la atención; no conocía animal alguno que pudiera ir tan rápido. Entusiasmada por que fuera alguien de mi especie, intente seguirlo, pero sin la intención de asustarlo. Comencé a correr por entre las ramas, empujándome con las alas para conseguir mayor velocidad. Noté que dobló hacia su izquierda, por lo tanto tomé una dirección diagonal que me llevaría a su encuentro. Salté con agilidad un árbol caído y cerré las alas para pasar por un hueco entre otros dos. Debería de estar ya muy cerca. Ahora. En cualquier momento. Cerré los ojos preparándome para el impacto y me tapé la cara con un brazo mientras extendía el otro delante de mí instintivamente... Nada. Caí de boca en el pasto. Me volteé hacia la izquierda y me limpié la tierra de la cara. Cuando abrí los ojos, todo estaba en una quietud absoluta, sin contar el leve movimiento de las hojas por el viento. Escuché atentamente. Nada, sólo mi respiración, que únicamente seguía por costumbre. Dejé de respirar para mejorar mi audición. Me levanté del suelo, sujetándome del árbol más cercano.
Después de deambular en el bosque buscando una salida por más de media hora, decidí trepar un árbol. Me impulsé en un salto y empujé el aire con las alas para llegar más alto y así poder tomarme de la rama de un pino. Pegué varios saltos de rama en rama, y de árbol en árbol hasta llegar a la punta de uno. Miré sobre el bosque. Conseguí llegar a tiempo para ver a alguien o algo, salir volando de entre un claro. Salté lo más alto que pude, dándome tiempo para llegar a extender las alas y volar. Seguí a aquel par de alas que se movía velozmente en el cielo y pude sentir la brisa fresca del aire pasando por mi cabello, y remolinarse en cada abrir y cerrar de mis alas. También logré distinguir mi cabaña desde lo alto, la cual se veía más pequeña todavía. Me di cuenta de que estaba buscando la salida en la dirección contraria. Mi objetivo subió repentinamente, y yo hice lo mismo, apresurando un poco más la marcha. Ahora estaba mucho más cerca de lo que hubiera sido seguro en caso de que decidiera darse la vuelta y atacarme. Era como un hermoso pájaro. Pasamos por encima de un acantilado y comenzamos a volar sobre el mar. Esperé no agotarme antes de llegar a tierra, puesto que caería al mar. No me preocupaba dejar de respirar, si no que iba a tener que seguirlo a nado, y es algo para lo que no soy muy buena. Subió un poco la velocidad, y tuve que imitarlo. De pronto, noté como si se hubiera prendido fuego. Cada una de sus plumas era una llama. Seguí volando cerca de él con precaución, y noté que el ave no sufría ni lo más mínimo. Además, no parecía haber notado mi presencia. Tenía prácticamente el tamaño de un humano, y sus alas no eran mucho más pequeñas que las mías.
Lo seguí hasta una orilla, en donde el descendió y descansó en un árbol. Yo volé un poco más lejos, donde él no pudiera encontrarme, y me situé debajo de unos pinos. Allí cacé para alimentarme durante la noche, pequeños pájaros y ratas. El ave robó algunos frutos de los árboles y bebió agua del mar, lo que me llamó la atención. Enganchó sus patas firmemente en una rama y se durmió erguido, como estaba, hasta la madrugada siguiente.
Esa mañana, yo desperté antes que el pájaro. No conozco mucho sobre seres fantásticos, pero creo que este es un fénix. Lo miré. Estaba en la misma posición que antes, pero ahora apagado. Su color en este estado era de un gris ceniza. Lo contemplé unos instantes y sacudió la cabeza. Abrió sus ojos. De donde estaba, podía distinguir su color: eran como un par de llamas, azules en el centro, naranja alrededor y amarillo en los contornos. Parpadeó y observó lo que lo rodeaba. Enseguida extendió sus alas y se prendió fuego nuevamente. Como si se despabilara, estiró el cuello y luego las patas. Saltó de su rama y, antes de llegar al suelo, movió sus alas con un movimiento suave, emprendiendo un vuelo veloz y regular. Tomé carrera y me elevé en el aire. Lo seguí a distancia. Tenía una larga cola, las plumas desprendían fuego de la punta, y lanzaban unos bellos matices dorados a su alrededor. Me preguntaba hacia donde se dirigía. Por un momento, me sentí como Alicia, siendo el fénix el conejo blanco.
Supongo que habremos volado tres o cuatro horas sobre el mar cuando llegamos nuevamente a tierra. El ave bajó a la orilla, y yo tuve que volar más lejos para que no me viera, y me escondí entre los árboles. Cacé un poco más ya que mi sed aumentaba por el cansancio. El fénix robó nuevamente algunas jugosas frutas. Cuando ya se dio por satisfecho, volvió a tomar agua, pero ahora escogió la dulce, que correteaba por un río cercano, y comenzó a volar. Esta vez voló mucho más deprisa que antes, parecía nervioso por algo. Cuando vi que giró la cabeza para mirarme, caí en la cuenta de que se había dado cuenta que lo seguía. Se metió en picada en medio del mar apagándose por completo. Con el impulso de sus alas se metió en un agujero en la arena. Yo lo imité, feliz de no tener que mantener el oxígeno en mis pulmones como antes. Fuimos nadando en un largo túnel excavado en la arena, el cual tenía las paredes cubiertas con piedras para que no se derrumbase, y entre ellas había algas, musgo y todo tipo de especies marinas que se agarraban a las rocas. Ahora, el túnel daba un giro hacia la derecha, y aceleré para no perder de vista al fénix. Comenzaba a subir, y lentamente, la luz aparecía, hasta que pude ver el otro extremo del túnel. Salimos de éste y el ave comenzó a tomar carrera para poder saltar fuera del agua, dándose tiempo para llenarse de fuego y volar sobre el mar. Mis alas se encontraban pegoteadas por el agua, por lo que tuve que hacer fuerza para abrirlas en el aire. Me costaba volar. Sentía mis alas mucho más pesadas que antes, me veía obligada a hacer un esfuerzo y esperar a que se secaran con el viento.
Lo seguí unos cuantos kilómetros sobre el océano hasta llegar a un pequeño bosque. Comenzamos a esquivar troncos y ramas, abriéndonos paso a través de las hojas. Buscó forma de librarse de mí y pasó por un pequeño agujero, formado por un árbol caído, cerrando sus alas en forma de flecha. Yo busqué un camino rodeando los troncos caídos y aparecí más cerca suyo. Los músculos de mis alas quemaban, cansados. Tenía la espalda dolorida, ya que nunca había volado tanto. Estaba a punto de darme por vencida. Sin embargo, el fénix pareció sentir el mismo cansancio, ya que su velocidad y altura disminuyeron. Cruzamos el bosque entero. Ahora salíamos a una zona plana, con agua estancada a un costado cercano a los árboles, y pasto verde e irregular cubriendo la tierra. Decidió apoyar por fin sus patas en el suelo. Yo me detuve, sin saber qué hacer, lejos suyo. Él se relajó. Me posé suavemente en un árbol y esperé. No se movió ni un centímetro cuando escuchamos, detrás de nosotros un estruendoso ruido, como si arrancaran un árbol del suelo. Me volteé y pude distinguir entonces, que la copa de un árbol se movía a lo lejos. Donde estaba apoyada, sentí un temblor. De repente, casi caigo a la tierra porque el tronco del árbol se dobló hasta casi tocar el suelo. Salté y caí al suelo a un metro suyo antes de que una rama me diera en el estómago. Aquél sonido ensordecedor que había escuchado antes, se repitió ahora dos veces, al partirse al medio sus raíces como dos grandes piernas y al arrancarlas de la tierra. Ahora, sacudió sus ramas con ferocidad y logré distinguir un par de ojos en el comienzo de la copa. Entre las cortezas sueltas, logré reconocer una cara con una enorme mueca de disgusto dibujada en su boca, apretada con rabia. Yo me encontraba tirada de espaldas en el suelo, con los codos apoyados. Levantó una de sus piernas y retrocedí, arrastrándome. La bajó y golpeó el suelo. Luego con la otra. Ahora, pude ver como a su alrededor todos los árboles despertaban y volvían sus rostros enfurecidos hacia mí. Me volteé. El fénix no estaba allí. Me puse nerviosa. Todo el bosque entero estaba en mi contra. Yo era considerada una intrusa. Comencé a correr para alejarme de ellos, pero me rodearon y me encerraron en un círculo. Miré para arriba. El pedazo de cielo visible se achicaba cada vez más. Salté hacia arriba estirando los brazos para poder volar sobre los árboles, pero uno de ellos atrapó mi pie con sus ramas. Estaba perdida. Desesperada, pegué patadas en el aire, y partí una de las ramas con forma de garra que me sostenían por el talón. Pataleé con más fuerza pero otro árbol me sujetó el pie que tenía libre y en seguida me tiraron para abajo. Agité mis alas con más fuerza, pero no sirvió de nada. Me encerraban. Todo oscurecía, pero yo luchaba por llegar al pequeño círculo de luz celeste, que se achicaba a cada instante. Me impulsaba con los pies de donde fuera para llegar arriba, movía las alas intentando subir y daba arañazos en el aire intentando agarrarme de lo que fuera. Algo me tiraba de las costillas hacia abajo, me aplastaba contra el suelo. No podía respirar. Si debía morir aplastada, era mejor hacerlo luchando. Tomé fuerzas y traté desprenderme de lo que fuera que me comprimía, pero estaba muy débil como para lograrlo. Se me cerraban los ojos, estaba mareada. Me desmayaba.

Desperté. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la luz. Estaba acostada en una cueva, sobre mi lado izquierdo mirando hacia la pared. No me moví. La luz venía de atrás mío, y pude ver que las sombras eran los barrotes de una reja, cruzando la abertura de arriba abajo. Yo me encontraba sobre un colchón duro, pero no era incómodo. Sentí que una puerta se abría, y luego que alguien entraba a rastras, a mis espaldas, hasta la otra punta del pasillo. Giré la cabeza lentamente. Ahogué un grito, pero ya era tarde. De mi garganta logró escapar un gemido. La causa de mi grito comenzó a moverse, la enorme serpiente estaba a punto de asomar la cabeza para mirarme. Mi asombro aumentó aún más al caer en la cuenta de que era un ser extraño: mitad de su cuerpo era humano, su otra mitad de serpiente. Me miró fijamente. Llevaba un arma colgada a un costado del cuerpo con una correa y la sujetaba firmemente con las manos. Su cara era como la de un humano, pero con el formato de un reptil. Sus ojos eran amarillos, como los de las serpientes. De su cabeza colgaban, en lugar del cabello, como unas colas de serpiente, con tonos marrones, grisáceos y negros. Tenía la piel gris cubierta de escamas, y todo un camuflaje corría por su espalda, marrón y beige. Luego, cambiaba ligeramente hasta terminar en rojo, como una yarará. Lo observé con precaución. Me incorporé lentamente, me senté cruzando las piernas y me rodeé los costados con las alas. Puse mis manos sobre los pies y me concentré en ellas, aunque me moría de ganas por desviar la mirada y observarle.
- ¿Qué criatura eres? - Dijo fríamente. Su voz era ruda, segura.
Tardé en contestar, y cuando lo hice mi voz apenas fue audible.
- Soy… un… vampiro.
Al decir la última palabra, esta se quebró. Noté como agarraba el arma con mayor fuerza que antes. Esperé. No se movió.
- Y… ¿tú? – Dije con miedo.
Dudó unos instantes antes de responderme.
- Soy un naga. Mi deber aquí es cuidar que no escapes.
Asentí con un leve movimiento de la cabeza. Él no debía matarme, pero estaba dispuesto a hacerlo en caso contrario. Vi que miraba a su izquierda, y que negaba con la cabeza.
- No. Es diferente. Llama a Hatzive.
Luego de un largo rato, vi entrar a un anciano, con aspecto simpático, inteligente. Se acercó a mi celda, mirándome, curioso.
- Dices que eres una vampira.
Asentí con la cabeza. Me hizo señas con la mano para que avanzara. Lo hice lentamente, con miedo. El señaló mi mano. La miré y la alcé a la altura de mi pecho. El hombre metió su brazo por entre los barrotes y tomó la mía. Intentó tomarme el pulso. Hizo una mueca al no sentir la circulación. Retiró su brazo de entre los barrotes.
- ¿Cuánto tiempo puedes estar sin alimentarte? – dijo, levantando una ceja.
No supe qué contestar, siempre cacé a mi antojo. Bajó la cabeza y me miró por entre las cejas esperando la respuesta. Yo negué lentamente con la cabeza. Miré mis manos, entrelazadas, nerviosas, a la altura de mi estómago. Murmuró algo inteligible para sus adentros, pensativo.
- ¿Ahora sientes hambre?
Esa pregunta hizo que me diera cuenta de la sed que sentía en ese momento. Me toqué la garganta con una mano, y levanté la vista. Me miraba, con miedo. Puse mala cara y lo miré con ojos entristecidos por lo que eso significaba. Seguramente yo era una amenaza e iban a tener que matarme. Él al ver mi expresión retrocedió, alejándose de los barrotes. Miró el suelo, y luego se fue. Yo seguía asombrada, aún no lograba creer que ese mundo existiera, y menos que yo estuviera en él. Me preguntaba si me iban a alimentar de alguna forma, o si iban a esperar a que me descontrolara por el hambre y llegara a... No, no quería recordarlo. Me retiré de al lado de la reja y me recosté sobre el colchón. Debía alejar de mi mente cualquier pensamiento relacionado con mi hambre para no descontrolarme, de nuevo. Podía sentir el exquisito aroma de la sangre del naga, cerca de mí. Su olor producía en mi boca un ansia insoportable. Me mordí la lengua, que quería saborear aquél líquido. Tenía que buscar alguna forma de distraerme, fuera como fuera. Observé la cueva, pero aún así no logré alejar esos pensamientos del todo. Estábamos, seguramente, en una conexión de túneles subterráneos, cavados sobre alguna especie de piedra blanca. El colchón era artesanal, y los barrotes eran de unas fuertes cañas de bambú, aunque yo las podría romper con poco esfuerzo. Comencé a oír un siseo, como el de una serpiente. Supuse que era el naga, y luego lo vi sosteniendo una madera entre las manos, tallada con delicadeza, y vi que soplaba, como si fuese una flauta triangular. Comprendí que de allí venía el sonido. Era una melodía atrapante, producida por un suave siseo. Era hermoso. Sin notarlo, comencé a cerrar mis párpados, y luego no pude luchar contra el sueño que me invadió.

13 comentarios:

  1. muy lindo iarin, espero que te guste el que yo estoy escribiendo

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  2. muy bueno me lo mostro mi hermana dibujas rebien... pero tenes que poner un punto medio para las opiniones no es woow o horrible....

    sofi (hermana de juli)

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  3. jajaja, sisi, gracias.
    La del .dijo... quién es??

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  4. Sos una forra!!!! deja de dibujar asi puta!!!! te odioo,, mentira TE AMOOOOO!!!!
    acordate q un dia de estos tenemos que matar a venturini!!! jajja!!!
    Me encanta la historia,, soi tu seguidora namber uan!!! jajja mentira!! number 1!! asi te gustaa!!!???!?!
    TE AMO MUCHOMUCHOMUCHOMUCHOMCUHOMUCHOCMUCHOCHOHMU!!!(sabelo)
    nos vemos en el cole....
    firma: ANONIMOOOO!
    jajjja,, deci que me amas,, decilodecilo!!!
    jajja yo tambn!!!
    beso
    yo (quien es yo??!!)
    adivinalooooo!!!
    ddaaaaaaaaaa!! quien mas puede ser q yooo!!!! jjjajja te amo
    juli (la que te ama)(y que nos amas) (no?)
    te amoamoamoamoamoamoamoamoamoamoamoamo ok?
    julijulijulijulijuli y iariiariiariii!!!!

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  5. ah... bien! Jajaja, sisi, te--- huy! se me traba el teclado... te --- OH, RAYOS! TE A-- no! no puedo!!!! Y bueh, que hacerle??! jajaja.

    T

    E






    A



    M




    UH! no me sale esa tecla!





    TE
    AM-

    No, parece que no...





    Jajajaja. TE AMO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  6. GENIAL!! Me encanta como dibuaaas y escribis!! seguidora a full♥♥♥, porfa segui escribiendo que me quede con la re intriga de que pasa!! ¿encerio dibujaste VOS eso? es genial!!♥♥♥
    Nos conocemos x Luu del cine!, ECLIPSE♥♥ pero es un blog anónimo asique no puedo deciir NADA... :S, pasate x el "mio"

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  7. mi blog es: www.lallavedetuhistoria.blogspot.com
    segui escribiendo!!♥ me ENCANTAAAAAAAA!!!
    besos, Anonimo ;)

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  8. jajaja, shhhhhh, dibujas demasiado bien !!!♥♥♥ chaaaaaaaaau, te aviso cuando escribamos ;), jejeje,

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  9. si queres ya te podes pasar x el blog (: lallavedetuhistoria.blogspot.com acordate SHHH!!! no digas nombres (: chaau besos

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  10. A vos hay que mandarte a matar por hacerle sombra al resto de mujeres en el mundo.Una pobre chica trabajando toda suvida, a lo mucho puede llegar a hacer UNA cosa tan bien como vos (y eso que estoy siendo generosa con la tipa).En cambio, a vos te sale todo de la nada, tus dibujos, tus historias, tu inteligencia, que sos hermosa :p
    Besos!!

    P.D.:Te lo digo porque no la vas a sacar soy caro del pelle ^_^

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  11. Caroo!!! gracias, por la parte de "mandarte a matar", no... por lo demás... jeje. Como supiste la dirección?

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